Te cuento una que me pasó en noviembre del año pasado, mi ahijado me regalo un celular nuevo, como sabes yo soy de los que bloquean las apps que me distraen porque conozco cuáles son mis debilidades. Pero como el teléfono estaba nuevecito y sin mis bloqueos, se me hizo fácil decir: “Bueno, las instalo en un rato nada más para probar el equipo”.
¿Y adivina que? Me ganó la tentación. Me engolosine y las terminé usando un buen de tiempo por varios días. Esta “recaída” me recordó algo básico: las redes sociales no son el diablo. No tienen la culpa de nada; son herramientas, son ventanas. El problema es cuando esa ventana, en lugar de dejarte ver el mundo, se vuelve una pared que te encierra.
Te vuelves prisionero cuando dejas de construir lo tuyo por andar viendo lo que hacen otros. Cuando dejas de crear y te vuelves un espectador de gente a la que le importas un carajo. El costo real del scrolling no es solo el tiempo que pierdes, es que te drena la energía, el enfoque y la capacidad de hacer las cosas en serio.

En este mundo digital, traes dos cerebros peleándose por el control:
- El Cerebro de Guerra: Es el que planea, el que chambea, el que sale a echarle bolas para construir un imperio. Es el que está en las trincheras.
- El Cerebro de Consumo: Es el que solo reacciona. Vive de la dopamina barata, de los likes y de compararse con gente que sí está haciendo cosas mientras tú solo los ves.

Cada vez que sientes esas ganas locas de abrir Instagram o TikTok por puro hábito, te estás jugando tu libertad. El viejo Epicteto, un estoico que no se andaba con rodeos, lo explicaba así hace siglos:
“No dejes que la fuerza de una impresión te arrebate. Dile: ‘Espera, déjame ver quién eres y de dónde vienes; déjame ponerte a prueba’.”
Básicamente: antes de que tu dedo le de al ícono de la app, detente y cuestiónala. Si no lo haces, vas a terminar viviendo los sueños de alguien más en lugar de armar los tuyos. Tu imperio no se va a construir deslizando el dedo.

Un cuchillo sirve para cocinar o para dar un susto; todo depende de quién lo agarre. Si usas las redes con estrategia, son un arma brutal para crecer. Pero para mandar tú, tienes que seguir estas reglas:
- La Regla 80/20: Úsalas 20% para ver qué hay y 80% para crear, publicar y vender.
- Crea antes de ver: No veas el muro de nadie si no has publicado tú algo de valor primero.
- Vende antes de divertirte: ¿Quieres ver videos? Asegúrate de haber avanzado en tu negocio o haber cerrado una venta antes de darte el permiso.

¿Sabes por qué entras a las redes sin pensar? Porque no aguantas el silencio. Te da miedo estar a solas con tus ideas o con lo que sientes, y el scrolling es como un analgésico barato para los que no tienen rumbo.
Pero tú no viniste a este mundo a anestesiarte. Viniste a construir. El que controla su atención, controla su destino. Si no dominas tu enfoque, vas a vivir en una mentira donde parece que te mueves, pero en realidad no avanzas ni un milímetro.
Tengo un reto de 24 horas para ti, borra tus redes un día completo. Crea algo que valga la pena y publícalo. Y cada vez que sientas la tentación de entrar al celular, pregúntate: “¿Esto me acerca o me aleja del hombre que quiero ser?”.
@adogel


