Religión

Máscaras caídas y el anuncio de la traición

Si el lunes fue de acción y de “limpiar la casa”, el Martes Santo sube el nivel de intensidad. Es como ese episodio de una serie donde ya sabes que el final de temporada va a estar fortísimo: los personajes revelan sus verdaderas intenciones y las piezas del tablero se mueven de forma definitiva. Es un día de profecía, advertencia y decisiones que cambian la historia.

El punto central es el anuncio de la traición. Imaginen el silencio incómodo en la cena cuando Jesús suelta la bomba: “Uno de ustedes me va a traicionar”. Todos se miraron entre sí, nerviosos. Jesús sabía perfectamente que Judas ya había cerrado el trato por las 30 monedas de plata, pero no lo expuso con rabia. Al contrario, tuvo un gesto de distinción al darle un pedazo de pan mojado y decirle: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”.

En ese momento, Judas sale a la oscuridad. Sin filtros. Es el recordatorio de que la oscuridad no está afuera, sino en las decisiones que tomamos cuando creemos que nadie nos ve.

Luego está Pedro, siempre intenso y leal de palabra, asegurando que daría la vida por Él. Pero Jesús, que conoce nuestra fibra humana, le lanza la frase que aún resuena: “Antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”.

Esto nos invita a pensar en nuestra propia lealtad: ¿Somos de los que se quedan cuando las cosas se ponen feas o aplicamos el “ghosting” espiritual y desaparecemos cuando hay problemas? El Martes Santo nos confronta con nuestra propia fragilidad.

De regreso al Templo, Jesús se enfrentó a los fariseos que querían tenderle trampas con preguntas difíciles. Intentaron acorralarlo con el tema de los impuestos, pero Él los dejó calladitos con una respuesta magistral: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Una lección eterna sobre no mezclar la política con la fe y mantener las prioridades claras.

También nos dejó la parábola de las diez vírgenes. El mensaje es simple: “No te duermas en los laureles”. La vida pasa rápido y hay que tener aceite en la lámpara; hay que estar preparados para lo que realmente importa.

El Martes Santo no es un día de vacaciones; es un camino de confrontación interna. En muchos lugares se recuerda hoy al Ecce Homo (“Este es el hombre”), viendo a un Jesús sufriente pero con una dignidad increíble.

Es el día del “secreto a voces”: todos saben que algo grande y doloroso va a pasar, pero Jesús decide enfrentarlo con la frente en alto, perdonando incluso antes de ser traicionado. Es un día de mucha madurez espiritual.

Aprovechemos este martes para reconciliarnos con el Padre y con nuestros hermanos. Si estamos lejos de Dios, es hora de volver; y si estamos cerca, es hora de profundizar. ¡Con Dios siempre ganamos!

Maria Garcia de Fleury

Presidenta del Apostolado Mundial de la Virgen de Coromoto

Adolfo Gelder

Adolfo Gelder

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Auditor de Normas ISO de Seguridad, Consultor Técnico Criminalista, con Maestría en Gerencia de Protección y Seguridad Aplicada, Experto en Ciencias Forenses, Especialista en Ciberseguridad. Instructor de Cisco Networking Academy.

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