El Miércoles Santo es un día de contrastes profundos. Mientras Jesús continuaba predicando y preparándose para la entrega total, el equilibrio del grupo se rompía por completo. Judas Iscariote, quien llevaba las finanzas del grupo, decidió ponerle precio a su Maestro: el precio más bajo posible por la traición más grande de la historia. Al mismo tiempo, Jesús seguía enseñando sobre el amor y el servicio; Él sabía lo que estaba pasando, pero no se detuvo.

En nuestro país, hablar del Miércoles Santo es hablar del Nazareno. Es el día de la penitencia y la reflexión, donde millones de personas salen a las calles vestidas de morado para pagar promesas y agradecer favores recibidos. Esta devoción es parte fundamental de nuestra fibra religiosa y tiene dos pilares históricos que nos definen:

El Nazareno de San Pablo: su historia nos lleva a 1696. Durante una procesión para pedir el fin de una epidemia, la imagen tropezó con un limonero en la esquina de Miracielos. Los limones cayeron sobre el Cristo y la gente preparó una bebida que, según la tradición, trajo la sanación a la ciudad. Este momento quedó inmortalizado por el poeta Andrés Eloy Blanco en su famoso poema “El limonero del Señor”. Hoy, la Basílica de Santa Teresa en Caracas sigue siendo el epicentro de esta fe inquebrantable.

El Nazareno de Achaguas: es en el llano donde la historia se tiñe de patriotismo. El General José Antonio Páez, antes de la Batalla de Carabobo en 1821, prometió al Nazareno de Achaguas que, si lograban la victoria y la independencia, mandaría a tallar una imagen en su honor. Páez cumplió su promesa en 1833. Hoy, el Nazareno de Achaguas es el patrono de los llaneros y atrae a miles de personas que cruzan el llano para rendirle honores.

El Miércoles Santo nos invita a mirarnos por dentro. A veces, nosotros también “vendemos” nuestros principios por un beneficio rápido o por quedar bien con un grupo. ¿A qué estamos siendo leales hoy?
Vestirnos de morado o acompañar al Nazareno no debe ser solo una tradición externa, sino una muestra de amor real y un compromiso de cargar nuestra propia cruz con dignidad. En este 2026, que el caminar del Nazareno nos inspire a mantener la fe, incluso cuando el camino es cuesta arriba.
Empecemos este Triduo Pascual con el corazón dispuesto, porque con Dios siempre ganamos.
Maria Garcia de Fleury
Presidenta del Apostolado Mundial de la Virgen de Coromoto


