Secretos del Hombre Estoico

El hombre estoico que sacrifica temprano reinará después

Últimamente se repite mucho una frase entre los adultos contemporáneos y las nuevas generaciones: “los 50 son los nuevos 40”.
Hermano… eso es mentira. Y no solo mentira: es peligrosa. A los millennials también se la dijeron, y hoy muchos están pagando el precio.
Esa frase es básicamente un disfraz elegante para justificar la flojera, la comodidad y la postergación. Porque si tienes 40 y crees que puedes relajarte, rumbear, tomar malas decisiones y “ponerte serio” a los 50… te tengo una noticia: los 40 llegan volando. Y después vienen los 50.
Hace unos días Facebook me recordó una foto de hace 8 años, cuando tenía 38 y fui al clasificatorio de Baloncesto para el Mundial FIBA. En ese momento yo juraba que estaba viviendo el sueño: fiesta, alcohol, mujeres, basquetbol. Pero era puro humo.
Gasté mis ahorros para ir a ver a otros hombres cumplir sus sueños en la cancha. Yo no estaba jugando nada. Era un espectador emocionado viendo cómo otros perseguían sus metas, mientras yo no movía un dedo por las mías.


Por suerte, ese viaje me sacudió. Dejé de ir a los juegos y decidí convertirme en el jugador de mi propia vida. Me puse serio, asumí responsabilidad y estuve dispuesto a sacrificar diversión para meter disciplina, propósito y habilidades que hoy me dan frutos todos los días.
El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Hoy tengo 46 y agradezco haber despertado a tiempo. Porque cuando veo a gente que no hizo ese cambio hace 8 años, lo veo clarito:
si no siembras bien en tus 30, en tus 40 vas a cosechar frustración, confusión y escasez.
Y aquí entra el golpe estoico. Séneca lo dijo mejor que nadie:

“No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.”

Muchos se creyeron la mentira de “tómate tu tiempo”.
¿Los 50 son los nuevos 40?
No, pana. No lo son.
Ocho años después, hay gente con la misma mentalidad, los mismos hábitos y la misma vida. Una decenio perdido.
Yo, en cambio —y no para presumir, sino para mostrarte lo que es posible— estoy en mi mejor momento físico, mental, emocional y financiero. Me siento más fuerte, más claro y más realizado que nunca. Y no fue suerte. No fue magia.
Fue sacrificio.
Mientras otros “vivían su juventud”, yo estaba incómodo, arriesgándome, invirtiendo en mí cuando nadie me veía. No era el más talentoso ni el más disciplinado. Pero fui el que más se atrevió a pagar el precio.
Y valió la pena.


Y tú también deberías estar dispuesto a sacrificar, pero con gusto. Porque hay gente que se da cuenta demasiado tarde. Si tú lo estás viendo a tiempo, hazlo con entusiasmo. No estás perdiendo nada: estás dándote la oportunidad de ganarlo todo mañana.
Pero el tiempo corre. No espera.
Hoy tienes que estar dispuesto a hacer lo que otros no quieren:

  • Vivir con menos de lo que ganas.
  • Dejar de gastar en tonterías.
  • Aprender habilidades y mejorarlas todos los días.
  • Alejarte de gente que no te suma.
  • Dejar de querer encajar.
  • Salir de tu país si hace falta.
  • Honrar tu visión como si fuera oxígeno.
  • Escribirla todos los días si es necesario.
    Tienes que estar dispuesto a sacrificar todo lo que se interponga entre tú y el hombre que quieres ser.
    Y capaz dices: “Pero estoy en mis 30, no quiero perderme la mejor etapa de mi vida”.
    Te digo algo:
    jamás te vas a arrepentir de no haberte rascado 500 veces en el mismo bar.
    Ni de no haber salido con mujeres que no compartían tus valores.
    Ni de no haber tenido “balance” mientras construías algo grande.
    ¿De qué sí te vas a arrepentir?
    De no haberte exigido más.
    De no haber dejado los pretextos.
    De no haber sido el raro, el loco, el diferente que apostó todo por su visión.
    Los hombres que no sacrificaron en sus 30, hoy —a los 40 o 45— están frustrados, confundidos y rotos por dentro. No por el Venezuela, sino por decisiones que tomaron ellos mismos.
    Tu vida no mejora con la edad.
    Mejora con tus decisiones.
    Crees que a los 30 o 40 mágicamente tendrás dinero, claridad, pareja estable y libertad. Pero eso no llega solo. Llega si actúas hoy. Si no, nunca llega.
    Las cosas buenas no vienen con la edad. Vienen con la siembra.
    La sabiduría no la da el tiempo. La da el sacrificio, la incomodidad y la práctica constante.
    La da asumir responsabilidad radical por tu vida.
    No tienes que ser perfecto, pero sí comprometido.
    Tienes que actuar con congruencia.
    Tienes que hacer sacrificios que otros no entienden.
    Tienes que construir una identidad tan sólida que el fracaso no te rompa.
    Y sí, también tienes que disfrutar el proceso, porque este camino es increíble.
    No importa cuántos años tengas hoy.
    Pronto serás más viejo.
    En un abrir y cerrar de ojos pasarán diez años, luego veinte.
    Y si Facebook sigue existiendo, un día te va a salir una memoria que diga: “Hace 42 años…”.
    Imagínate que sigas siendo el mismo.
    Imagínate que no hayas crecido.
    Imagínate que te hayas estancado.
    Ese día te vas a hacer una pregunta:
    ¿Me convertí en el hombre que mi yo de 40 soñaba ser?
    ¿O seguí postergando hasta que fue demasiado tarde?
    La respuesta la escribes hoy.
    Con tus acciones.
    Haz que valgan.
Adolfo Gelder

Adolfo Gelder

About Author

Auditor de Normas ISO de Seguridad, Consultor Técnico Criminalista, con Maestría en Gerencia de Protección y Seguridad Aplicada, Experto en Ciencias Forenses, Especialista en Ciberseguridad. Instructor de Cisco Networking Academy.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También puedes leer

Secretos del Hombre Estoico

No todo lo que duele es injusto

Vivimos en una cultura donde si algo duele o es incómodo, solemos buscar anestesiarlo lo antes posible. Si incomoda, creemos
Estocio
Secretos del Hombre Estoico

El Ritual Dominical que Todo Hombre Estoico Necesita

Hay una diferencia brutal entre un hombre que domina su camino y un hombre que se deja arrastrar por la