Vivimos en una extraña sociedad donde de forma muy sutil nos van adoctrinando y nos van imponiendo normas y “costumbres” que difieren en gran medida de aquellos hermosos valores inculcados por nuestros abuelos y padres en la dulce armonía del hogar. Valores que nos identificaban como ciudadanos ejemplares de bien y progreso.
Hoy en nuestros tiempos modernos ya no son los padres quienes con amor y sabiduría nos indican el correcto camino a seguir. Ahora es la “nueva sociedad” quien de forma arbitraria e invasiva nos obliga a pensar y actuar según sus extraños parámetros de modernidad, donde a lo malo y al abuso lo llaman “progreso” y a lo bueno lo llaman “anticuado y obsoleto”, entre otros.
De esta manera vemos con asombro abismal, por ejemplo, como nuestros jóvenes en los colegios le dan máxima prioridad al uso indiscriminado del celular, utilización de palabras vacías y ofensivas, uso de la violencia como forma “natural” de resolver sus diferencias o para defenderse de otros, poco valor o importancia a sus estudios y, sin lugar a dudas, un irrespeto ingente hacia todo aquello con rasgos de autoridad”. ¿Dónde vamos a parar como sociedad?
El estrangulamiento de nuestros propios pensamientos no solo se ve en el ámbito educativo. También se ve a través de los medios de comunicación y redes sociales quienes de forma grotesca siembran antivalores y van dejando una estela de llanto, destrucción y caos. ¿Qué nos está pasando?
Incluso, los tentáculos de la “modernidad social” han llegado a algunos círculos religiosos donde han ido sustituyendo paulatinamente sus preceptos cristianos llenos de valores familiares por prácticas y rituales extraños dando así paso a un sincretismo espiritual contaminado, muy alejado de las verdaderas enseñanzas bíblicas.
Es hora de reflexionar. Es momento de levantarnos a defender nuestra paz mental y espiritual. No permitamos que estas corrientes de seudo progreso entren en tus pensamientos y familia. Yo me mantengo firme. Yo defiendo mis valores. No me dejaré arrastrar ni contaminar por ideologías asfixiantes y esclavizantes. ¡Decido ser libre!


