En un circuito donde la inmediatez y las tendencias comerciales amenazan con diluir las raíces tradicionales, la figura de Yubraska del Valle Rivero Mellado se erige como una trinchera inexpugnable de autenticidad, respeto y rigor técnico.
Nacida en Los Teques, estado Miranda, el 21 de agosto de 1982, tiene un arraigo profundo en Aragua. Define su relación con el género desde una premisa: el compromiso supera el mero espectáculo. Bailar el joropo es un honor; promoverlo y defenderlo en cada espacio es un acto de amor y soberanía cultural Para ella, la pista no es un escenario para la vanidad, sino el canal noble donde la voz, el arpa y el maraco cobran sentido.
Su vínculo con el baile fue un proceso natural que lleva grabado en el código genético. Dio sus primeros pasos a los ocho años, en 1990. Al cumplir los 18, decidió asumir el Joropo Central como su eje de vida y su causa principal. Esa vocación no nació en un salón frío, sino al ver a sus propios padres entregarlo todo en el suelo de una parranda. Al ver la fuerza de su hogar en pleno tramao, comprendió que su función no terminaría en la ejecución dancística. Debía ser vocera activa de la tradición.
Respeto al código: Sobriedad, cadencia y postura aragüeña.
En una época en la que la espectacularidad se confunde con piruetas descontextualizadas, la propuesta de Yubraska Rivero se afianza. Se apoya en peso de la tierra, la postura sobria y el señorío que exige la escuela aragüeña y tuyera. Para la bailadora, el diálogo con la pareja y los músicos es algo indescriptible que exige oído, compostura y un centro de gravedad bien asentado. Su taconear y escobillar no buscan impactar por exceso, sino por la precisión técnica y la verdad con la que responde a cada repique.


Rivero adopta una postura crítica y pedagógica ante tendencias que deforman el baile. Estos ejemplos incluyen saltos fuera de tiempo, acrobacias y vestuarios ajenos a la raíz. Sin caer en la confrontación destructiva, asume la defensa de la ortodoxia desde la docencia y el ejemplo:
“Lo primero es entender que el respeto es lo primordial; cada baile tiene su propia esencia. Cuando transmites amor y lo mucho que se disfruta de esto, no das cabida para la transculturización del joropo. Yo observo, espero y, en el momento indicado, converso para que puedan comprender el verdadero valor de nuestra proyección”, reflexiona la cultora, quien reconoce en sus padres y en la memoria del maestro Gonzalito Padilla sus faros en el camino.
De la desconexión digital al hito patrimonial en Las Tejerías
Uno de los mayores desafíos que asume Yubraska en la actualidad es combatir el desapego cultural provocado por las pantallas y los ritmos comerciales. Frente a la inmediatez de la época, su método formativo trasciende la repetición de pasos y se apoya en conversatorios, relatos y vivencias de parranda que logran conectar a niños y jóvenes con la mística real de la manifestación.
Ese trabajo constante en la trinchera comunitaria rindió un fruto histórico para la región: la declaratoria del Joropo Central como Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio Las Tejerías, un logro colectivo que se celebra cada 4 de octubre y que avanza firme hacia su tercer aniversario. Su meta trazada es consolidar este hito con una bailanta de escala regional que se convierta en una cita obligada para el país, garantizando que la siembra perdure cuando su presencia física ya no esté.

Para las nuevas generaciones de niñas y jóvenes que ven en ella un referente de liderazgo y elegancia en la pista, Yubraska deja un mensaje claro y fundamental:
“Que todo lo que hagan, lo hagan con amor; esa es la única base real para mantener viva la tradición. La historia no se defiende guardándola en un museo, sino haciéndola sonar, bailar y entender en cada comunidad”.


