El cantador mirandino consolida su regreso a los escenarios tras años de ausencia. Su voz revive la memoria y la fuerza de nuestro folclor.
La raíz sembrada en Las Adjuntas.
Antonio José Fonseca nació el 10 de mayo de 1971. Creció en el sector Las Adjuntas de Santa Lucía del Tuy. En esa tierra mantiene su hogar hasta el día de hoy.
Allí descubrió la chispa de la música tradicional siendo un muchacho. Un vecino del barrio despertó su vocación artística. El sonido de las cuerdas marcó su destino para siempre.

”Por el barrio donde yo vivía había un señor llamado Reimundo, muy buen arpista”.
El amor por la canta criolla explotó con fuerza al llegar a la adultez. Desde entonces, entregó su vida al folclor de nuestra región.
Entre maestros y el bautizo en Zárate.
Fonseca compartió parrandas inolvidables con grandes figuras de nuestra manifestación. Recorrió caminos junto al reconocido arpista Martín Herrera. También cantó al lado del recordado maestro Brígido Ríos.
Su célebre apodo nació durante un descanso en el sector El Pavo de Zárate. Martín y Brígido animaban un baile tradicional en la zona. Un baño de río selló su renombre dentro del gremio.
”Nos estábamos bañando en un río y de ahí para acá empezaron a decirme El Culebro”.
Brígido Ríos lo bautizó así entre risas y repiques de arpa. Ese nombre definió su identidad dentro de la canta tuyera.

El debut en La Victoria y el renacer de su voz.
El talento de Antonio Fonseca cruzó las fronteras del estado Miranda. Su impulso definitivo como profesional llegó en tierras aragüeñas. Debutó con gran éxito en el célebre Club El Mesón de La Victoria.
”En una oportunidad me dan chance de cantar allí y así empecé”.
Aquel escenario abrió las puertas de su carrera profesional. Tiempo después, una complicación de salud frenó su ritmo de trabajo. Ese quebranto de salud lo mantuvo alejado de las tablas por varios años.
Hace cuatro años decidió retomar los micrófonos con valentía. Hoy canta con la misma fuerza y entrega de sus primeros tiempos.
Un legado que late con fuerza en el Tuy.
Antonio Fonseca defiende con orgullo la identidad de nuestro pueblo. Su esperado regreso alimenta las parrandas y fortalece la cultura regional.

El joropo central se renueva con cada verso de este aguerrido cultor. Los Valles del Tuy celebran la vuelta a la pista de “El Culebro de Miranda”.
El canto tuyero no muere cuando hay cultores que regresan a la pista para defender la raíz de nuestra tierra.


