En el ambiente de los mercados municipales de Los Valles del Tuy, donde el bullicio, el trabajo rudo y la subsistencia marcan la pauta, en el día a día; la celebración del Día Internacional de la Mujer se cambia por trabajo.
La escena es común en los mercados de los seis municipios; pero también se las ve en las calles de los pueblos donde viven. No hay tregua para el descanso, porque de lo contrario no se vive; y, en la mayoría de los casos las protagonistas son las mujeres. Claro está, sin titulares ni portadas comunicacionales que trasmitan la pauta.
Estos mercados no sólo son centros para el comercio de la mercancía o para el esparcimiento como en el día de compras, son escenarios que, sin intención aparente, sacan a relucir lo que llevan por dentro las mujeres honestas, trabajadores, echadas para adelante, de esta región. Para convertirse en el motor económico de sus hogares.
Estas mujeres, que se definen a sí mismas como «luchadoras y valientes», cambiaron los tacones por calzado resistente y el maquillaje por las marcas del esfuerzo diario.
La jornada comienza mucho antes de que el primer rayo de sol toque el territorio del río Tuy. Pero, antes ya han librado la batalla de dejar todo listo para que sus hijos vayan a la escuela, el marido a la jornada laboral y la casa recogida; para atenuar el regreso
Estas trabajadoras de los mercados municipales de los Valles del Tuy representan la columna vertebral de la economía informal en cada población, demostrando que la verdadera belleza reside en la voluntad inquebrantable de sacar adelante a sus familias a través del trabajo físico extenuante como buhoneras, carretilleras y vendedoras ambulantes.
La rutina de estas mujeres es un ejercicio de precisión y sacrificio. Al llegar entre las 6.00 y las 7:00 de la mañana, ya han cumplido con una jornada previa en sus hogares, dejando todo dispuesto para que la vida familiar continúe.
Mientras otras están buscando votos para una Consulta Popular, aupando proyectos que no saben si las beneficiaran; otras marchan y protestan por la libertad de su país, sin saber si serán atendidas; ellas se sumergen en el trabajo forzado para e llevar el pan a la mesa. De una forma muy especial, de forma indirecta, están celebrando el Día de la Mujer, pero, sin decirlo; salvo que consigan un momento de ocio en la rutina, al terminar la tarde, cuando ya han recogido el toldo y decidan refrescarse. De lo contario no hay nada que celebrar.


