En el corazón de Requena, donde el cantar de los gallos marca el ritmo del día y el aire conserva el aroma puro del campo, nos recibe un hombre cuya humildad compite en grandeza con su trayectoria. Don Mario Díaz, el baluarte de la música central, nos abre las puertas de su hogar para recorrer, entre recuerdos y anécdotas, más de seis décadas de entrega absoluta al arte nacional.
Hablar con Mario Díaz no es solo entrevistar a un cantante; es sentarse a escuchar el latido de Los Valles del Tuy hecho palabra. Con una voz que no se cansa y una elegancia que desafía al tiempo, el Maestro nos abre su corazón para hablarnos no solo de lo que fue, sino de lo que late hoy en su pecho de artista.
El Despertar de un Legado
La historia de Don Mario no puede entenderse sin la figura de su padre, cantor de los años 50 y 60. “Yo era su mascota”, recuerda con nostalgia, rememorando aquellos bailes de antaño que olían a campo y se iluminaban con lámparas de kerosene. Desde los cinco años, el escenario fue su escuela, aunque confiesa que el descubrimiento de su don fue algo colectivo:
“Me di cuenta de que mi voz no me pertenecía cuando la gente en los caseríos empezó a pedirme que cantara”.
Hoy, a sus 77 años, esa voz ha madurado
Don Mario explica con precisión cómo su registro ha ganado profundidad, logrando una concentración única en el despliegue de los tonos musicales. Sin embargo, su esencia sigue siendo la del hombre que vive “más enamorado que nunca” de su tierra.
El Ritual del Escenario: Seguridad y Fe
Para muchos, el escenario impone temor; para el “Poeta de Requena”, es su territorio de poder. Su ritual antes de salir a la luz es sagrado: una persignada, el puño derecho cerrado con fuerza y una sentencia de seguridad absoluta:
“Todo ese público es mío”. Es el mismo consejo que hoy transmite a los nuevos talentos, como a su pupila Marianny.

Al preguntarle sobre el secreto para mantener la vigencia durante 63 años ininterrumpidos, el maestro resume su filosofía en tres pilares fundamentales:
– La encomienda a Dios: Como guía primera de cada paso.
– La constancia: El motor que no permite rendirse.
– La humildad: El suelo firme que hace el camino más largo y seguro.

“El Ermitaño”: himno que cruzó fronteras.
Con una producción monumental de 63 álbumes (30 LP y 33 CD), Don Mario ha escrito páginas doradas en la historia musical. Pero hay una obra que brilla con luz propia: “El Ermitaño”.
Grabada en 1978 con música del maestro Agrispín Laza, esta pieza es considerada la más versionada de la música central después del “Amanecer Tuyero”. Su trascendencia ha sido tal que figuras y grupos de la talla de Simón Díaz, Francisco Pacheco, Un Solo Pueblo y hasta la agrupación puertorriqueña Fuerza Latina, han dado voz a sus versos.
Un Legado que no se detiene
Lejos de retirarse, Don Mario Díaz abraza la modernidad. Actualmente graba para plataformas digitales y sigue escribiendo para nuevos intérpretes, tanto del joropo central como de la música llanera. Su misión es clara: sembrar para que la música no muera.
“No siento ningún tipo de arrogancia. Mi cierre de proyección quiero que sea un recuerdo hermoso del trabajo que plasmé por unas raíces tan naturales como nuestra música”, afirma con una sencillez que conmueve.

Don Mario se despide entre bromas y cuentos, reafirmando su parte humana más jocosa. En Requena se queda el hombre, pero en el aire de Venezuela se queda el poeta, el maestro que sigue defendiendo, con la pluma y la garganta, la esencia de un pueblo que se niega a olvidar su origen.


