En el corazón de Los Valles del Tuy, donde el sonido del arpa, el buche y las maracas dictan el latido de su gente, emerge la figura de Arelys Hernández. Nacida en Ocumare del Tuy y criada bajo el rigor y la pasión de una familia mirandina, Arelys no solo baila joropo; ella encarna la tradición que define a toda una región.
Con 52 años de edad y una trayectoria que ha cruzado fronteras, Hernández se ha consolidado como una de las bailadoras más auténticas del Tuy. Su historia es un viaje de ida y vuelta: desde sus raíces en Ocumare, pasando por una juventud en la capital, hasta su regreso definitivo a Santa Teresa, donde hoy es guardiana de un legado ancestral.
Un estilo forjado entre el amor y la disciplina
Para Arelys, el joropo comenzó como un juego de infancia bajo la tutela de sus padres, Isidro Hernández y Albertina Delgado. “Mi papá nos bailaba en casa para ‘aflojarnos’ las piernas”, recuerda con nostalgia. Lo que empezó como una tradición familiar se convirtió en una necesidad vital a los 12 años, cuando entendió que el joropo no era solo para escucharlo, sino para vivirlo en el centro de la pista.
Su estilo, que ella misma define como “sencillo y elegante”, destaca por una conexión mística con el instrumento. “Cuando estoy en la pista, a veces cierro los ojos. Me concentro. Nos convertimos en uno solo: el arpa y mi oído. Mi cuerpo solo obedece lo que las cuerdas emiten”, explica la bailadora.


De Los Valles del Tuy para el mundo
Uno de los hitos más memorables de su carrera fue representar a Venezuela en Brasil junto a la agrupación Armonía Tuyera de Panchito Prim. Desde escenarios internacionales hasta la Embajada de Venezuela en Brasilia, Arelys llevó el repique del Tuy con orgullo. “Esa noche me sentí más tuyera que nunca; los flashes y los aplausos eran para nuestra cultura”, afirma.
Sin embargo, su pasión no conoce de protocolos. Entre sus anécdotas más queridas resuena el día que bailó descalza bajo la lluvia en el entierro del “Todito Mirandino”, o aquella noche en Yare donde el barro y el agua no fueron impedimento para seguir el ritmo del zapateo.

Legado y Evolución
Arelys es testigo de cómo el rol de la mujer en el joropo ha evolucionado hacia la libertad y el respeto. Hoy, no solo decide con quién compartir la pista, sino que se dedica activamente a formar a las generaciones de relevo en su comunidad.
”Quiero que esto trascienda, que no muera. El joropo es mi personalidad, mi esencia. Si me buscan, me encuentran en el repique, porque el joropo soy yo”.
Para Arelys Hernández, el consejo a los nuevos talentos es simple pero profundo: vayan a la pista y bailen con amor. Porque en el Joropo Central, cuando se baila con el corazón, el mundo entero se detiene para escuchar el relato de un pueblo.


