Todos tenemos días excelentes y días pésimos. En redes sociales e internet se habla infinitamente sobre cómo ser súper productivo, cómo levantarse con energía y cómo optimizar cada minuto cuando te sientes invencible. Pero casi nadie habla de los días oscuros.
¿Qué pasa cuando te da una gripe fuerte? ¿Qué pasa cuando emocionalmente no estás en control? ¿Qué pasa cuando la energía simplemente no está ahí?
Es fácil ser disciplinado, enfocado y profesional cuando el viento está a tu favor. La verdadera pregunta, la pregunta que separa al promedio del hombre estoico, es esta:
¿Qué tan bueno eres en tu peor día?

Hazte estas tres preguntas con honestidad:
- ¿Eres suficientemente bueno en tu peor día como para seguir dominando tu camino, creciendo y ejecutando tus responsabilidades?
- ¿Eres suficientemente bueno en tu peor día como para ganarle a tu competencia cuando ellos están en su mejor día?
- ¿O en tu peor día simplemente te bloqueas, te dejas dominar por las emociones y buscas la excusa perfecta para paralizarte?
Muchos dirán: “Estás loco. ¿Qué tiene de malo bajarle a las revoluciones un día si me siento mal?”.
La respuesta es simple: no tiene nada de malo si ya construiste un imperio, si ya consolidaste tu libertad y si tu estructura opera en automático. Pero si estás en pleno proceso de conquista, si estás construyendo tu legado, tu negocio o la seguridad de tu familia, no tienes el lujo de ceder terreno.

Si tú no eliges conscientemente exigirte más a ti mismo —incluso en tus días más grises—, no te preocupes: el mundo, el mercado o las circunstancias se encargarán de exigírtelo después. Y cuando la adversidad, las crisis o los cambios inesperados llamen a tu puerta, te van a encontrar desarmado.
A mí me han dicho muchas veces que soy un paranoico, que debo relajarme y que “nunca va a pasar nada”. Curiosamente, esas mismas personas dejaron de llamarme loco cuando la incertidumbre y las crisis tocaron la puerta de sus casas. Mientras ellos colapsaban por no estar preparados, quienes nos hemos entrenado en la exigencia diaria teníamos la estructura mental y operativa para resistir el golpe y seguir adelante.
Como bien enseñaba el filósofo estoico Séneca:
“En tiempos de paz, el soldado se ejercita para la guerra; construye trincheras cuando no hay enemigo a la vista y se fatiga sin necesidad para estar listo cuando llegue la verdadera exigencia”.

El código de ejecución en el día malo
1.Separa la emoción de la ejecución:
Tu mente te pedirá cama, descanso y autocompasión. Reconoce la sensación biológica, pero no le entregues el volante de tu conducta. Los compromisos con tu visión no se negocian con tu estado de ánimo.
2.Reduce la tarea a su forma más pura:
Si no tienes la energía para ejecutar al 100% de brillantez, ejecuta al 100% de disciplina. Cumple los mínimos innegociables de tu estándar. Haz lo que se tiene que hacer sin adornos, pero no dejes el casillero en blanco.
3.Entiéndelo como un entrenamiento de resiliencia:
Un día malo no es una desgracia; es una pesa más pesada en el gimnasio del carácter. Si logras avanzar un metro cuando todo te pesa, el día que tengas energía avanzarás kilómetros sin despeinarte.
No te puedes dar el lujo de ser promedio. No te puedes dar el lujo de conformarte ni de esperar a que “las condiciones sean perfectas” para dar lo mejor de ti. Inicia tus días, domínalos incluso en la penumbra y sostén tu estándar. El respeto propio no se gana en las victorias fáciles, se construye cuando sostienes la carga el día que menos ganas tenías de levantarla.
@adogel


