Una de las preguntas que recibo con más frecuencia es: “Adolfo, ¿cómo puedo comenzar? ¿Cómo doy ese paso que sé que tengo que dar, pero que me paraliza?”. Tienes miedo. Sientes que las circunstancias no son perfectas, que el riesgo es muy alto y prefieres esperar a que el miedo desaparezca para moverte.
Te voy a ser honesto, aunque te incomode y aunque te duela: No das el paso porque eres un miedoso.
Esa es la realidad. Cualquier cambio real involucra incertidumbre, nerviosismo, vergüenza, rechazo y la posibilidad de equivocarte. Y como sabes que todo eso es incómodo, prefieres no enfrentarlo.

Me encantaría decirte que existe una fórmula secreta para eliminar el sudor de las manos o el nudo en la garganta antes de tomar una gran decisión. Pero no existe. Esas sensaciones son parte de la naturaleza humana. No hay un “hack” mental ni un ritual perfecto que te dé valentía absoluta antes de saltar.
Solo existe una opción: Saltar.
Agárrate las bolas y atrévete. Siente los nervios recorriendo tu cuerpo, pero no permitas que te paralicen. Respira la tensión, tiembla si es necesario, sacúdete como un perro que acaba de despertar, pero salta. La mayoría de la gente llega a diciembre con sus metas sin cumplir porque son pocos los que están dispuestos a lanzarse al vacío sin garantías. Y en esta vida, la única garantía que tenemos es que nos vamos a morir.

Muchos cometen el error de esperar a “sentirse listos” o a “tener confianza” para actuar. No necesitas confianza; necesitas coraje. La confianza no se pide, se gana. Te la ganas atreviéndote cuando todo en tu interior te dice que huyas.
Como bien dice el estoico moderno Ryan Holiday:
“No esperamos a que el miedo desaparezca para actuar. Actuamos para que el miedo desaparezca. La valentía no es la ausencia de miedo, es la determinación de que hay algo más importante que el miedo”.

Imagínate a un hombre al borde de una piscina de agua helada. Mira con terror y pregunta: “¿Cómo puedo saltar? El agua está fría”. ¿Qué le dirías? Le dirías exactamente lo que tienes que decirte a ti mismo ahora: “No seas cobarde. El agua no se va a calentar porque te quedes ahí mirando. Deja de dudar y salta”.
Nadie puede saltar por ti. Yo puedo mostrarte el ejemplo, puedo enseñarte la técnica y puedo lanzarme yo mismo para que veas que no pasa nada, pero eso no resuelve tu vida. La responsabilidad es tuya. No importa cuántos libros leas o cuántos artículos leas: el cambio real solo llegará cuando tengas la valentía de dar ese paso hacia adelante.
El salto es tuyo. La decisión es tuya. ¿Te vas a quedar en la orilla o vas a reclamar tu lugar?
@adogel


