La tercera edición del evento reunió a destacadas bailadoras del centro del país. La noche combinó elegancia, juventud, tradición y el repique del arpa mirandina.

Una noche vestida de rojo y tradición.
El arpa retumbó con fuerza en La Victoria. El pasado 3 de octubre, Capicúa Sport Bar recibió a cultores y bailadores de toda la región. El evento celebró su tercera edición consecutiva con total éxito.




Las mujeres del centro del país tomaron la pista. Cada vestimenta roja aportó elegancia a la velada cultural. La organización requirió más de dos meses de trabajo dedicado.
“Todo esto lo realice con amor. Agradezco a Dios por darme las fuerzas para superar cada dificultad”, afirmó Carlos Liciaga, creador y organizador del evento.
Padrinos de lujo para la tradición.

El evento contó nuevamente con la presencia de sus padrinos. Dos jóvenes talentos representaron la esencia de la tradición central.
La bella María Godoy engalanó la noche como madrina del baile. Lució un hermoso vestido que deslumbró a los presentes. Cristian Macero la acompañó como padrino del encuentro. Él demostró su destreza como gran bailador de nuestra música.
“Me siento profundamente agradecido con ellos y con Dios. Cuando planifiqué esta edición, Dios me los puso en el camino para representarnos”, destacó Liciaga.
Reconocimiento al talento femenino del centro.
La velada rindió tributo a las damas del folclore. La organización otorgó 30 reconocimientos a destacadas cultoras de la región central. Cada entrega celebró la dedicación de las bailadoras.
Además, tres asistentes recibieron obsequios especiales durante la noche. El primer lugar fue para Aixa Sejias. El segundo puesto lo obtuvo Zara Serrano. Nancy Rada recibió la tercera distinción.
Liciaga contó con un equipo clave en la producción. Reina Farfán, Yasmín Zambrano “La Incansable de Miranda” y Manuel Liciaga apoyaron la logística del encuentro.






Arpa, capacho y buche hasta el amanecer.

La música en vivo encendió la pista de baile. Cruz González, “El Pollo del Guárico”, derrochó talento vocal. Laureano Olivares, “El Catire de Cagua”, sumó su gran voz a la jornada.
Las arpas magistrales guiaron cada pasaje. Juan Manuel Ruiz, “El Segundo General”, ejecutó bordones impecables. Rodolfo Ruiz, “El Tercer General”, deslumbró con su destreza musical.
A la medianoche ocurrió el momento más esperado. Las mujeres bailaron juntas luciendo sus vestidos rojos. La pista de baile se llenó de colorido, dinamismo y elegancia.
La fiesta continuó sin pausas durante toda la madrugada. A las 6:30 de la mañana, Laureano Olivares cerró la jornada con unas palabras finales: “Nos vemos en otra edición el próximo año”.
El Baile del Vestido Rojo reafirma así su valor cultural. La tradición del joropo central sigue viva, elegante y firme en el corazón de nuestra gente.


