Este 6 de enero, mientras el mundo celebra epifanías, el folklore de los Valles del Tuy sufre una pérdida irreparable. Ha partido a la eternidad Brígido Ríos, conocido y respetado como “El Sentimental de Miranda”, una de las voces más auténticas y firmes de nuestra música regional.
Brígido no solo fue un intérprete excepcional; fue un guardián de la identidad mirandina. En un género donde la fuerza suele imponerse, él supo ganarse el respeto a través del sentimiento, defendiendo ese joropo que se siente en el pecho antes que en los pies.
El testamento ético de un cantautor más allá de su registro vocal, Brígido Ríos será recordado por su integridad. Tras la muerte del Gabán Tacateño, Brígido fue protagonista de un momento que hoy se vuelve profético.

Al observar los honores póstumos que recibió Enemecio, Brígido reflexionó sobre la hipocresía del aplauso tardío.En sus versos, dejó una sentencia que hoy sus seguidores repiten con respeto: él no quería homenajes después de muerto.
Para Brígido, el reconocimiento del pueblo debía entregarse en la tarima, en el abrazo del público y en el bienestar del artista mientras aún tiene aliento para cantar. Su partida nos deja la tarea de valorar a nuestros baluartes en el presente, tal como él siempre lo exigió.
Un puente entre generaciones defensor incansable del Joropo Central, Brígido Ríos fue el eslabón que unió a las leyendas del siglo pasado con la juventud que hoy empuña el arpa, los capachos y el buche en los Valles del Tuy.

Su estilo genuino, alejado de las pretensiones comerciales, mantuvo viva la llama del pasaje romántico y el golpe tuyero.Desde “Joropo Central: Ritmo y Relato” y “Somos del Tuy”, despedimos no a un cantante, sino a un hombre de principios que prefirió la humildad de su terruño a las luces falsas de la fama.
¡Paz a su alma, Sentimental de Miranda! Tu voz seguirá resonando en cada golpe de arpa.



