Desde el caserío Río Negro en Barlovento, Mireya Blanco sostiene la bandera del joropo central con maestría y humildad. Su historia rinde tributo a nuestra música tradicional.
Un inicio marcado por el arpa y la familia.
El arpa retumbaba en el caserío Río Negro, en Barlovento. Allí, a los 12 años, Mireya Blanco comenzó su historia en nuestra tradición. Su padre le enseñó los primeros pasos sobre la tierra. Sus hermanos completaron la lección en casa. Verlos bailar encendió una chispa que nunca se apagó.
“Mi inicio al bailar joropo fue a los 12 años. Me llamaba mucho la atención cuando veía a mis hermanas y a mi papá bailando. Mi papá me enseñó a bailar y mi hermana me inspiró a salir a la pista”.

Siendo una niña, esperaba cada fiesta tradicional con gran emoción. Asistía junto a su hermana a un célebre espacio bailable llamado La Quinta Quita, en El Paraíso, Caracas. Aquel ambiente festivo la atrapó para siempre. Los bailadores veteranos de la época la sacaban a la pista. Mireya respondía con destreza y alegría.
El arte de acoplarse al repique.
Bailar joropo central exige oído fino y temple. No se trata solo de mover los pies. Se trata de escuchar las cuerdas con el alma. Cada tono del arpa dicta una figura diferente en el suelo. El secreto reside en la comodidad y en la conexión con el compañero.
“Cada tono del arpa tiene su música. Nos marca el paso que debemos ejecutar. Lo importante es disfrutar el baile. Bailo de manera que me sienta cómoda. La mujer bailadora debe darle comodidad a su pareja. Debe ir siempre al paso del arpa”.
Salir a la pista implica asumir una gran responsabilidad cultural. El traje tradicional transforma la actitud. Al vestirse para la fiesta, la emoción recorre el cuerpo. Representar la música de Venezuela exige salir a la pista con entusiasmo y orgullo.

Maestros y vivencias en la pista.
Su trayectoria reúne incontables vivencias compartidas entre amigos y cultores. A lo largo de su carrera, Mireya Blanco ha tenido el honor de compartir pista con destacados cantantes de la talla de Mario Díaz, El Gabán Tacateño, El Pollo del Guárico, Ismaelito, Jorge Ramos, Álvaro Ramos, Brígido Ríos, Yovany Ramos y Lucho Díaz.
Asimismo, ha repicado sus pasos al ritmo de grandes maestros del arpa. Entre ellos destacan Yustady Laza, Ridel Castro, Robertico Rodríguez y Juan Manuel Ruiz. Compartir con estas leyendas del joropo central reafirma su entrega total a la manifestación.
Un mensaje para las nuevas generaciones.
La continuidad de esta tradición depende del relevo generacional. Por eso, Mireya mantiene su mirada en el futuro del folclor nacional.
“Le pido a la juventud y a la nueva generación que no desmayen. Que apoyen nuestra música. Que sean humildes y se apoyen entre todos”.
Recibir el reconocimiento del gremio llena su alma de gratitud. Cada zapateo reafirma su compromiso con el folclor. La pista de baile sigue abierta para quien siente el llamado del arpa.
El joropo central no es solo un baile; es el latido de un pueblo que celebra su identidad en cada repique.


