Joropo Central: Ritmo y Relato Nuestra Región

“El Catire de Cagua”: Cinco décadas de historia, elegancia y resistencia en el joropo central

Pocos nombres en la música tradicional venezolana encarnan la tenacidad y la esencia pura del joropo central como Laureano Olivares. Conocido cariñosamente en la geografía nacional como “El Catire de Cagua”, este baluarte de la cultura tuyera celebra cinco décadas de una trayectoria ininterrumpida, marcada por el rigor técnico, el respeto absoluto al público y una profunda fidelidad a sus raíces.

Nacido el 4 de julio de 1957 en el caserío “Los Manueles” ubicado en Santa Teresa del Tuy, estado Miranda, Olivares creció en el seno de una estirpe de cantores tradicionales. Aunque el ritmo corría por sus venas de forma natural, su consolidación en el circuito profesional fue el resultado de una rigurosa autodisciplina.

Su característico apodo, hoy convertido en una marca registrada de la cultura popular, surgió tras su unión matrimonial en la localidad de Cagua. Fue allí donde el maestro César Leal Aguilera, al reconocer su potencial temprano, lo bautizó definitivamente como el “Catire de Cagua”.

“Empecé cantando en parrandas caseras junto a Juan Pablo Morales. Tenía apenas 18 ó 19 años cuando canté mi primer baile para mi hermano Salomón. Desde entonces, he dedicado casi 50 años de mi vida a este oficio con el mismo respeto, tanto si el baile está lleno como si está vacío”, rememora el artista.

Una escuela forjada junto a las leyendas del arpa

Laureano Olivares no es un intérprete fortuito; es un testigo excepcional y protagonista directo de la evolución del joropo central. En sus inicios, contó con el respaldo y padrinazgo de figuras fundacionales de la época como Miguel Devia, “El Marrero” y “El Cabito”, quienes a través de la radio lo impulsaron a perfeccionar su técnica vocal y su métrica.

A lo largo de su carrera, su voz ha compartido el centro del escenario con la “realeza” del arpa tuyera, consolidando alianzas históricas (o “llaves”) que hoy forman parte del patrimonio sonoro de la región:

José Luis Villanueva: Su primera llave formal en el circuito profesional.

Eloy Pérez: Una sólida alianza musical que se prolongó por ocho años.

Lino Pérez: Con quien compartió escenarios clave en los complejos circuitos de Barlovento y los Valles del Tuy.

Juan Manuel Ruiz: Su compadre de ruta y compañero de escenarios durante 27 años ininterrumpidos.

Filosofía del cantor: “Cantar con el alma, no con artificios”

Para Olivares, la honestidad sobre el escenario es un principio innegociable. Su perspectiva crítica sobre la evolución del oficio revela a un hombre de fundamentos sólidos que prefiere la calidad interpretativa por encima de las modas comerciales.

“Yo nunca he tenido artificios para cantar. El baile está malo y yo canto igual. Cuando el baile está lleno, muchos solo gritan y tocan maraca, pero yo creo que uno demuestra lo que sabe cuando el ambiente es difícil. Ese es el verdadero examen del cantor”, detalla.

Tras una pausa obligada durante los años de pandemia, Laureano Olivares ha regresado a las tarimas con energía renovada. Actualmente, trabaja en colaboración con las nuevas generaciones de músicos —entre ellos Rodolfo, Robertico y su compadre Yustaldi—, logrando ese necesario equilibrio entre la pureza de la tradición y las dinámicas del presente, demostrando por qué su voz sigue siendo sinónimo de elegancia y respeto en el joropo central.

Carlos Liciaga

Carlos Liciaga

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Carlos Liciaga es Licenciado en Administración, aplicando su visión estratégica a la gestión cultural. Es un dedicado bailador y promotor del joropo central, una labor fundamental para la difusión y vigencia de este género tradicional.

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