Secretos del Hombre Estoico Valles del Tuy

Por qué la disciplina de acero revela quién eres realmente

Hoy me llegó un mensaje que decía: “Adolfo, quiero redactar un libro, pero no tengo talento para escribir. No soy como tú, que eres talentoso y naciste para esto. Yo no nací para comunicar, pero tengo ganas. ¿Qué me recomiendas?”.

Mi respuesta fue categórica: yo no nací con este talento.

Quien me lee hoy tras haber escrito más de mil artículos de prensa y revistas puede asumir que la comunicación fluida fue un regalo genético. Nada más alejado de la realidad. Cuando era pequeño no podía pronunciar la letra R, en la escuela tartamudeaba; me ponía nervioso, me paralizaba ante el público y mi mente se quedaba en blanco. Conocí a decenas de hombres que eran mil veces más elocuentes y talentosos que yo en ese momento. Sin embargo, muchos de ellos nunca desarrollaron esa habilidad porque les faltó el motor principal: la disciplina.

Nada de lo que le sucede a un hombre estoico es un accidente. Todo es el resultado natural de la ley de causa y efecto. Si no me hubiese exigido publicar mis escritos semanalmente durante años, ese potencial habría quedado relegado para siempre en lo más profundo de mi ser.

Nos han vendido la idea de que para “encontrarte a ti mismo” necesitas retirarte a las montañas, consumir sustancias o leer montañas de libros teóricos. La realidad es mucho más terrenal: la disciplina de acero es la herramienta de autoconocimiento más poderosa que existe.

No puedes conocer tus verdaderas ventajas competitivas, tus talentos ocultos o tus verdaderos límites a menos que te pongas a prueba bajo una rutina estricta de ejecución.

Como bien señala el autor estoico moderno Ryan Holiday:

“La genialidad no es un evento fortuito ni una bendición divina; es el resultado del esfuerzo diario, la repetición constante y la negativa absoluta a renunciar ante la torpeza inicial. La disciplina no limita tu potencial: lo libera”.

¿Cuántas personas en el mundo pudieron haber sido extraordinarios ejecutivos, comunicadores, atletas o creadores, pero murieron en el anonimato simplemente porque nunca cultivaron la firmeza para superar la incomodidad inicial?

Una disciplina de acero es la capacidad de mantenerte inquebrantable e impenetrable ante las distracciones, los obstáculos y la falta de motivación. Es hacer lo que corresponde por deber y compromiso con tu visión, independientemente de lo que suceda en el mundo exterior.

El talento y la disciplina no son entes aislados; son dos caras de la misma moneda:

1.La disciplina precede al talento:

Nadie empieza siendo un maestro. La repetición consciente y la tolerancia a la torpeza inicial son el precio de entrada para construir cualquier habilidad de valor.

2.La ejecución revela la ventaja genética:

A medida que sostienes el esfuerzo en el tiempo, tu mente y tu cuerpo adaptan la técnica. Solo la práctica sostenida saca a la luz los matices donde realmente destacas.

3.El talento retroalimenta la disciplina:

Cuando comienzas a ver los frutos de tu esfuerzo, la maestría incipiente se convierte en combustible para elevar aún más tus estándares y continuar invirtiendo en tu desarrollo.

Si hoy sientes que “no naciste” para lograr algo que deseas, deja de buscar excusas biológicas. Lo único que te separa de dominar esa área es la decisión de construir una disciplina inquebrantable. Pónte a prueba, ejecuta sin negociar con tu mente y descubre de qué estás hecho realmente.

@adogel

Adolfo Gelder

Adolfo Gelder

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Auditor de Normas ISO de Seguridad, Consultor Técnico Criminalista, con Maestría en Gerencia de Protección y Seguridad Aplicada, Experto en Ciencias Forenses, Especialista en Ciberseguridad. Instructor de Cisco Networking Academy.

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