El caballero de la alpargata: Víctor Ayala y el legado incombustible del joropo tuyero
Por Carlos Liciaga
29 de enero de 2026
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En el corazón de Los Valles del Tuy, donde el sonido de las cuerdas de metal dicta el pulso de la vida, emerge la figura de Víctor Ayala. A sus 72 años, Ayala no solo es un bailador; es un archivo viviente de la identidad mirandina, un hombre que ha transformado el repique del arpa en una cátedra de elegancia y tradición que hoy cumple siete décadas de vigencia.
Hijo de la recordada bailadora y partera Evangelista de Ayala, Víctor creció entre el aroma a tierra de Quiripital y el eco de los grandes maestros como Margarito Aristiguieta y Emilio Prin. Su danza, lejos de ser un simple movimiento, es un tributo a una estirpe que ve en el joropo el equilibrio perfecto entre el cuerpo y el espíritu.
La cadencia sobre la acrobacia
Mientras las nuevas tendencias apuestan por el despliegue físico extremo, Ayala se mantiene fiel a la esencia del pasaje. Su estilo, que lo llevó a brillar en escenarios como el Club La Bigott y las pantallas de la televisión nacional en los años 70, se distingue por una sobriedad que impone respeto.
”Mi preferencia está en los pasajes; hoy en día los arpistas y cantantes conocen bien mi estilo. El joropo es libre y cada quien baila a su manera, por eso no me gusta criticar. Al contrario, disfruto ver cómo nuestra cultura sigue viva”, explicó el cultor, subrayando que la humildad es el paso más importante en cualquier pista de baile.
Crónicas de una pasión sin horarios
La vida de Ayala está tejida con anécdotas de una Venezuela donde el joropo no conocía el cansancio. Desde presentaciones en el Canal 5 hasta travesías que unían a Caracas con Los Valles del Tuy en un solo zapateo, su compromiso con el arte siempre desafió los obstáculos logísticos de la época.
Rememorando sus años mozos, Ayala relató con nostalgia una de sus tantas travesías:
”Recuerdo una vez en El Nogal, Santa Lucía, después de un festival. Eran la una de la madrugada de un lunes y tuve que regresarme pidiendo ‘cola’ porque a primera hora debía trabajar. Así era nuestra pasión por el baile”.
Un mensaje para el relevo
Consciente de que el relevo generacional es la garantía de que el arpa no se detenga, Víctor Ayala observa con optimismo el auge de nuevos talentos en la región. Aunque sus movimientos son hoy más pausados, la autoridad de su baile sigue siendo una referencia obligatoria para quienes se inician en este arte.
Al ser consultado sobre el futuro del movimiento joropero, Ayala fue enfático en la necesidad de mantener la unión:
”A los nuevos bailadores les deseo lo mejor. Mi consejo es que sean humildes y respetuosos con los demás. Debemos recordar que somos una familia joropera que crece cada día, y en esta familia, siempre hay algo nuevo que aprender”.
Víctor Ayala permanece como un pilar fundamental de la venezolanidad en Los Valles del Tuy, demostrando que, mientras exista un corazón que sienta el bordón, la elegancia del joropo central tendrá quien la defienda.
Carlos Liciaga es Licenciado en Administración, aplicando su visión estratégica a la gestión cultural. Es un dedicado bailador y promotor del joropo central, una labor fundamental para la difusión y vigencia de este género tradicional.