A raíz de los acontecimientos ocurridos en Venezuela en los primeros días de enero de este año 2026, donde, por sorpresa, afloraron sentimientos encontrados en los pensamientos de los venezolanos; con una mezcla de asombro, llanto y alegría.
No es necesario valerse de la retrospección para relatar lo que ya todo el mundo sabe; pero, lo que no se puede negar es que, entre la mezcla de estos sentimientos prevalece la alegría. Lamentablemente represada en el pecho de cada quien que anhela el propósito final, pero con un muro de contención nada fácil de quebrar.
Ocurre en todos los estamentos sociales de la Venezuela herida, maltratada y vilmente engañada. Lo más seguro es que, de forma individual o colectiva muchos andarán buscando la manera de hacer catarsis que los ayude a exteriorizar esos sentimientos con el sumo cuidado de no ser pasantes por la “puerta giratoria” que está activa. Ya legará el momento más expedito para soltarse el moño y gritar a todo pulmón: bienvenido febrero; luego de no sucumbir ante la catalepsia espiritual.
Nada de extraño tiene que, en momentos de soledad, o tal vez, en compañía de la familia, con los mejores amigos o curruñas; tomando en cuenta el paso del corto tiempo, también afloren en algunos actores de la vida nacional, regional o municipal, las quimeras o proyectos vanos para retomar la lucha por la sobrevivencia posicional; es decir buscar ubicación temprana en lo que ha de venir. Es de esperarse, conociendo la estirpe.
En la clase política, por ejemplo, donde se percibe un estado de ánimo soterrado, pero, efervescente; se olfatean ciertos movimientos que, aunque no sean “person to person” tampoco “in situ”; amagan con alborotar la jauría para comenzar a construir esos acomodos, en conocimiento de causa que el tigre lo que está es herido; y por ende el peligro está latente. Para ello están utilizando las redes sociales que les permite la convocatoria, el parlamento codificado y la preservación del anonimato; como ha ocurrido desde el día después del 28J, cuando el manto del miedo abrazado a la cobardía, hizo de las suyas.
Lo delicado de estos movimientos es que podrían estar contaminados con los elementos que nos llevaron hasta donde estamos hoy, donde la exclusión, el protagonismo y otros “-ismos” también hicieron de las suyas.
No es pecaminoso querer activarse, al contrario, es necesario; es vital. Pero, si lo vamos hacer con el mismo chip que nos llevó a la debacle por más de 25 años; si seguimos con las estrategias fabricadas en las cuatro paredes de cualquier color, donde lo que abunda es el humo y tal vez el café, menos la sinderisis, la cordura y la amplitud; mejor es tener cuidado. Ni se les ocurra.
Aún cuando quedan cosas por definir, en mayor cuantía, especialmente en el tema de la transición; cobra fuerza el tema electoral. Lo más probable, entre otras cosas, es que vayamos a un proceso eleccionario con connotaciones generales, el cual brindará oportunidades diversas para “Raymundo y todo el mundo”. Está a flor de piel la preferencia nacional, no hay discusión; pero, donde debemos poner la lupa es en la conformación de cuadros políticos y sociales que no vulneren, en primer lugar, el maravilloso logro; y, luego evitar, a como dé lugar, repetir la tonada que nos llevó hasta donde estuvimos no hace mucho. Mucho cuidado, ni se les ocurra.


